Siempre me llamó la atención el fenómeno de la retracción de nuestras playas, del como de a poco las que eran anchas dejaron de serlo por más esfuerzos que se hicieron.
Alguna vez leí que las construcciones (horribles en general) que se hacen a la vera de las arenas impiden el libre juego del viento que las lleva y las trae. Lógica pura, pero claro, la fiebre inmobiliaria, una vez más, administra esa libertad y nos estropea todo.
Después de 5000 días de aislamiento, cada mañana me pregunto cuales será los efectos que nos quedan a cada una/o de nosotros.
Nadie siguió con su vida normal ( vaya adjetivo!!) entre el miedo, las calles alguna vez vacías, los permisos, las redes, los encuentros, las añoranzas, la vida y la muerte.
Ahora, después de imaginar un mundo nuevo, ante la vista de vacunas y remedios, parece que podemos volver: a donde?
Más allá de las realidades de cada una/o de nosotros, en el nudo de nuestra capacidad de sentir y elaborar eso que sentimos, como salimos de nuevo a las calles sociales?
Más allá de los reglamentos, que partes nuestras siguen funcionando con normalidad (otra vez) y que partes se cerraron?
Creo que a lo largo de la vida, los sentires van y vienen, van y vuelven, como las arenas, movidos por algún equivalente al viento que nos brinda el devenir.
Me pregunto si, más allá del espejismo de las redes y los zoomes, esa capacidad sigue en juego.
Quizás no sea la pregunta ideal para una mañana de sábado soleado, pero, inevitablemente recorre mis espacios.
Lo proyectual, el conocimiento, la pasión, las felicidades, la angustia, los nervios, la política, las y los maestros, las y los estudiantes, los pasillos, el patio, la bandera, la gente, la vida.
La tradición y el desvío.
Los que nos preceden y las nuevas generaciones corriendo los bordes, navegando el entre, multiplicando hasta el infinito (de Monge y más allá) este océano vital hacia un futuro mejor.
Es difícil explicar la FADU, su complejidad excede lo racional. Sería tan relativo como querer explicar la vida, solo hay que vivirla y si es con una sonrisa, mejor.
Hasta antes de la pandemia, hasta antes del aislamiento, parecía ser muy clara la diferencia entre el sueño y el no sueño, entre el día y la noche, entre soñar y estar despierto, toda esta simpleza dicha en términos generales, sin entrar en detalles escabrosos.
Pero después de 5000 días de reclusión parece que las cosas no son tan claras ( si es que alguna vez lo fueron)
Tengo la sospecha de que hemos invertido los estados y estamos en un momento de extensa vigilia:
cuando estamos despiertos?
cuando estamos soñando?
Para sobrevivir a la soledad hemos sobreactuado la autosatisfacción comunicacional y el otro/a ha concretado el sueño del ser imaginario entre las redes que multiplican la confrontación de realidades.
En el día de las y los psicólogos les pregunto:
A ustedes también les pasa algo parecido?
Las sesiones de terapia serán una escena en un escenario de hiper realidad?
Les dejo la inquietud
Abrazo
Gustavo Barbosa
fotografía: GB
en 1995, cuando vi por primera vez el video de la versión de Marilyn Manson del tema de Eurythmics, me dio algo parecido al miedo, ahora entiendo porqué, jajaja
Este relato es de un sueño que tuve y que por esas cosas de la red, derivó en una historia de arquitectura y de familia. Veremos como salgo airoso de esta tarea.
Como hay un sueño involucrado los tiempos están modificados y el presente se mezcla con el pasado con impertinencia, total que ésto no es un tratado científico ni nada que se le parezca.
La imagen que nos ilustra es la del edificio de la calle Rosario 230, allí en Caballito, justo frente al Parque Rivadavia. Este edificio fue proyectado y construido entre los años 55 al 57 por mi querido tío Víctor Costantini ( sí, sin N). Escudriñando pantallas, descubro, con entrañable afecto, que esta obra está catalogada por sus valores en el archivo de Obras de Arquitectura de "Moderna Buenos Aires" del Consejo Profesional, CPAU.
Hasta aquí la mirada de arquitecto. ( Vaamoo, tío!!)
La cuestión es que en ese edificio vivíamos casi toda la familia: abuelas, abuelos, madres, padres, hermanas, hermanos, primas, primos y la bella rubia del 5º, desparramados estratégicamente ocupando casi la totalidad de los departamentos en los diez pisos del edificio. Así, los palieres, las escaleras, el jardín del fondo, los balcones y...la terraza fueron escenario de todo tipo de aventuras infantiles para horror muchas veces del Encargado, el señor Don Víctor ( otro, no mi tío).
Dejo librado a tu imaginación, querida/o lector, el despliegue de imágenes y desacatos que encierra el párrafo anterior. La generación de primos lo sabemos bien (risas).
El viejo edificio nos cobijó por muchos años, y poco a poco todos nos fuimos yendo, algunas/os al cielo y los demás, a la vida.
Hasta aquí la mirada familiar.
En el sueño, objetivo de este escrito, yo duermo en mi cama (la de ahora) y empiezo a escuchar una voz muy conocida que habla desde el balcón de Rosario con gente que está enfrente, en el parque. Me asomo discretamente y para mi estupor veo que es Luis Alberto..., sí, Spinetta, guitarra en ristre !!!! Me digo: "dale levantáte nene, que es el Flaco". Atravieso espacios y tiempos y me sumo al susodicho balcón, Luis me mira con cierta sorpresa como advirtiendo, no molestes pibe! Las palabras se me complican pero alcanzo a esbozar: "Luis, te sigo desde siempre..." nada, poca bola. Insisto: " te ví con Almendra en el Embassy en el 68..." y agrego " y te sigo posta hasta hoy..." Allí logro que Luis baje la guitarra y me dedique una maravillosa sonrisa y un: " un abrazo, loco!! ahora quedate ahí a un costado que voy a tocar..." Ufff, en al parque hay cientos de personas y la música comienza a sonar...
Se mezclan las imágenes y se mezcla el tiempo, pero se sostiene la emoción, que de eso se trata este relato.
Un abrazo
Gustavo Barbosa
para mi familia, los habitantes de Rosario 230 ( el Flaco incluido, claro)
Como un ariete inteligente, el maestro Quino hizo hablar al grafito y a la tinta como pocos.
Nos enseñó a enfrentar el autoritarismo y a las miserias humanas con su mirada tierna, aguda y descarnada a la vez. Él y otros grandes, hicieron del humor gráfico un refugio que nos puso a salvaguarda en los momentos más oscuros y eso los convierte en una especie de pariente contenedor que siempre está.
Las y los dibujantes e ilustradores son un fenómeno muy especial en nuestro país, son el espejo indispensable en los que por momentos es difícil mirarnos pero que si lo logramos, sin duda nos hacen mejores personas.
Vaya este pequeño homenaje desde este lugar de grafito y tinta para este grande que hoy se fue para otros pagos.
Después de tan magna declaración podría silenciarme pero no, no lo hago. Bastante con este tiempo de silencio social, solo atenuado por la versión degradada que nos aportan el zoom y aledaños, que nos permite pensar, pensarnos, una y otra vez.
Hace no mucho tiempo, las familias llamaban a un fotógrafo para registrar un momento, unas vacaciones, un evento. Claro, muy pocos accedían a una cámara y mucho menos a saber que hacer con ella. Esas imágenes eran muy preparadas con la ropa adecuada, el peinado adecuado y con la responsabilidad de mostrar enormes dosis de felicidad.
Esas imágenes eran ventanas a aquellos presentes que rápidamente dejaron de serlo. Tienen mucha información si nos tomamos el tiempo para mirar con sumo cuidado: cómo se sentían? cómo estaban ese día? que humor circulaba en ese momento?
No tenemos un informe de aquellos anónimos fotógrafos, no sabemos nada, sólo esas imágenes de gentes queridas, algunas ya distantes. Entonces ocurren algunos milagros sorprendentes: esas imágenes reales se transforman delante de nuestros ojos en algo imaginario y se nos abren de par en par. Sin miedo nos dejan entrar y ser parte.
Es hermoso ese momento. Es especial y delicado. Y me surgen 5237 preguntas: estaba ahí,estaban aquí, estoy allí? Y tantas otras.
Lo real se vuelve imaginario y lo imaginario se vuelve real. En un instante.
Cómo decía aquel tango: "que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé..." Cada época tuvo su ranking del imbécil, del genio, del miserable, del solidario, del repulsivo, del atractivo, del tantas cosas más. La condición humana es lábil, inestable y muchas veces de una fragilidad tremenda, pero, seguimos, cada vez peor, cada vez mejor, quien podrá saber? No creo que seamos privilegiados en estos momentos, no vamos primeros en la acumulación de salames, no. Seguramente el tema es que ahora nos enteramos más rápido y éso te hace pelota las neuronas. La pandemia pone sobre el tapete una importante cantidad de miserias humanas y hay días en los que cuesta creer la interminable habilidad para lograr ser el más hijo de puta (perdón, no encuentro un calificativo más claro, sabrán disculpar) en todo el mundo. Claro con los de acá podemos estar más que satisfechos, tenemos para regodearnos. Los contrastes se hacen cada vez más obscenos, las desigualdades nos explotan en la cara y sabés que? Duelen. Y hay días en los que duelen más. La ignorancia se lleva todo puesto, no nos dejemos atravesar. No te digo que te inmoles ni mucho menos, solo pensemos dos veces antes de apagar la luz. Todavía hay cosas para hacer. Abrazo Gustavo Barbosa fotografía: Aitor Lara