El mundo nos está imponiendo de prepo una cuestión:
Como se sigue viviendo?
En estos días distorsionados, de afectos interruptus, de pantallas sobreactuadas, de odios virales muchísimo más peligrosos que el COVID 19 mil millón, se necesita desparramar calma. En todos lados, en todas partes, a cada rato.
Hay que silenciar la miseria, las miserias y la miserabilidad.
Hay que pensar:
qué sé hacer?
qué sabemos hacer?
Si sabemos algo, ese algo hay que hacerlo.
Si podemos silenciar la máquina de odiar, hay que hacerlo.
Si guardamos una pizca de afecto en cualquier lugar de nuestra humanidad, hay que sacarlo afuera, como decía una vieja canción.
Hay que hacerse fuerte, hay que mirar y mirarse y mirarnos.
Tenemos que ahondar en lo que sabemos (porque sabemos) y no perder más tiempo en las voces horribles de las huestes del desafecto.
Lo que sabemos nos pertenece y por eso se puede compartir sin miedo.
No se rompe.
Abrazo
Gustavo Barbosa
fotografía: Gérard Ranciman





