Los años nos
van enseñando.
A veces
despacio sin darnos cuenta, a veces a
los golpes. Y aun así, empecinadamente, podemos seguir sin darnos cuenta.
Pero es
notable darse cuenta. Te transforma.
Y en esa transformación
se pueden medir los crecimientos.
Un día podés
aprehender un concepto, y aunque la mitad de los pensadores de la humanidad ya
hayan pasado por allí, pasa a ser tuyo. Y a partir de esto, habrá y habrás mejorado. El concepto y vos.
Estos
procesos son de adentro para afuera e instalan el para siempre.
Mucho se ha
dicho sobre la idea del para siempre. Los enamorados la enarbolan, los fanáticos la sufren, los testarudos la machacan una y otra vez.
Hay algo
interesante en este concepto que tensa los tiempos, contrae el futuro y nos
afirma en el presente. Puede sonar impostado o claramente exagerado, puede
expresar solo una intención o ser un simple cumplido. Pero…
Cuando algo
o alguien se constituye en la idea de para siempre, se transforma en algo natural, parte de
nuestra vida y respira con nosotros. Es
parte de nuestros paisajes y de nuestros sonidos, los de cada día. Le da
entidad a nuestra identidad.
Como
reconocer un para siempre?
Ahh, lleva
tiempo…y no hay un medidor de parasiemprismo,
sólo hacen falta los años, vaya paradoja.
Un día, el para siempre se vuelve como siempre y entonces estará viviendo en vos...
Abrazo a todos,
Gustavo Barbosa
para mis queridos como siempre...


