lunes, 13 de marzo de 2017

estados de lucidez
























Para que están las Universidades?

A pocos días de comenzar el ciclo 2017 la pregunta ocupa mis neuronas.
Revisamos contenidos y cronogramas, replanteamos objetivos pedagógicos, repasamos lo hecho y lo no, preparamos clases teóricas, buscamos incansablemente imágenes, proyectamos nuevas acciones y más, pero la pregunta es insistente:

Alcanza?

El mundo se retuerce a cada instante y lo impensado arremete sin piedad y sin permiso.
Lo que sobra es información, desordenada, superpuesta, por momentos indigerible pero está ahí, a la vuelta de google, entonces? 

Creo que debemos centrar nuestros esfuerzos en la construcción de estados de lucidez lo más alejados posible del sentido común, plenos de la indispensable mirada crítica hacia el contexto social, cultural y político que nos toca (casi diría, que nos manosea)

Este trabajo cotidiano se hilvana con lo que sabemos hacer en los talleres, se entrelaza y sostiene la supervivencia de la pregunta como agente desestabilizador.

El amigo George Gurjieff decía:
"Usted está dormido, no sabe quien es porque no se conoce a sí mismo. Hoy es una persona, mañana es otra, Usted no hace las cosas, las cosas lo hacen a Usted, así que me atrevería a decirle que si no se toma en serio lo que le digo, si no asume un trabajo sobre sí mismo, como lo más importante que haga en su vida, seguirá durmiendo hasta el día de su muerte..."

Como se instila un estado de lucidez?

Por lo pronto afinando la capa de grasa que nos retiene en nuestras propias limitaciones.
Un ejercicio de límites impredecibles, una acción poética, si las hay.

Abrazo queridos
Gustavo Barbosa

ilustración: Bansky 


miércoles, 1 de marzo de 2017

la gente de la esquina

























Somos un universo de dimensiones inabarcables en estos pequeños cuerpos.
Somos un misterio de formas inexplicables.
Somos casi sin darnos cuenta.
Somos.

Somos con nosotros y con los otros.
Esos que nos dan la referencia indispensable, la medida.
Los cercanos, los queridos, los amados y los que nos marcan en apenas segundos.

Hay gente en las esquinas que nos enfrenta con nosotros,
que nos propone unos segundos de afecto, pocos segundos dictados por un semáforo,
esos fragmentos de amores son los indispensables, los que nos ponen a prueba,
los que nos empujan hacia los límites.

En momentos de empezar a caminar los talleres otra vez, nueva vez, infinita vez, me pregunto que otros nuevos encuentros nos provocarán, a seguir. 

Que nuevos habitantes nos harán de nuevo? 
Que formas nos darán forma en estas esquinas imperceptibles que nos toca compartir?
Que será lo importante que tenemos para darnos?

Podemos transitar las materias, podemos atravesar los programas, pero estas
preguntas vuelven una y otra vez, como una voz esencial.
Solos en este espacio, casi en silencio.

Abrazo amigos, nos vemos en alguna de esas esquinas
Gustavo Barbosa

fotografía: Steve Mc Curry

Gracias querido Graham por tantas esquinas compartidas!


miércoles, 22 de febrero de 2017

habitantes de plastilina


























2017, un año que promete.

No sé si lo que promete es alentador, pero sí está claro que va a dar que hablar.
Por la política, por tanta gente querida y famosa que ha decidido abandonarnos, por las elecciones que nos obligan a pensar que corno queremos, por las eternas dificultades que nos acechan en esta parte del continente, por muchas cosas más y por muchas cosas que quizás no logremos percibir.

Imagino que podamos tomar las riendas de nosotros mismos sin seguir esperando el mesías que nos modele a su gusto y semejanza, o que nos aplaste como a un muñequito de plastilina.
Cada uno de nosotros que se adueñe de sí mismo hará, con el otro, un incipiente bloque de materia humana indispuesta al modelaje.

Un año para pensar, dibujar y dibujarnos. En eso estamos.
Claro, estoy hablando de la Fadu, que otra cosa?

Abrazo lo más humano posible
Gustavo Barbosa

fotografía: Ludmila Foblova

lunes, 20 de febrero de 2017

cara de piedra

































Una cara absolutamente inexpresiva y una andanada de situaciones al borde de la catátrofe, fueron la fórmula imbatible del gran Buster Keaton, en sus películas.
Esa extraña mezcla entre el humor inteligente, la imagen justa y la cara de "yo no fui" hacen un coctel que fue el obligado antecedente de otros brillantes maestros de la comicidad.

El absurdo y el marco de la risa desconcertada son para mí una forma de vida de gracia meridiana. No hay otra manera de sobrevivir en este mundo amenazante si no nos tomamos todo con humor. Cuando digo todo, es todo.
Claro, con cierta dosis de inteligencia, la que podamos desplegar, sino corremos el riesgo de parecer unos bobos consumados.

En nuestras clases, en nuestros talleres, esa conexión con la otra cara de la vida, es el combustible indispensable. Nuestras profesiones tienen algo de sanador, entonces porque no habríamos de hacerlo con una hermosa sonrisa? 

Un poco acá y un poco en esa dimensión que se torna invisible a los ojos del desangelado, así somos y así seguiremos siendo, que otra cosa?

Abrazo
Gustavo Barbosa

para mis queridos piscianos, que de ésto sabemos bastante

fotografía: Bert Stern (gracias amigo Enkil!)


viernes, 10 de febrero de 2017

frankenstein






































La famosa novela de Mary Shelley de 1818 propone un mundo de cierta perversión científica en el que mediante manipulaciones varias es posible recrear la vida misma.
La novela en sí misma es una organización de distintos fragmentos escritos una y otra vez por su autora bajo la mirada inquisidora de su marido, el tal Percy.

La criatura concebida por el Dr. Frankenstein es la víctima de la soberbia del científico, ávido de fama y el relato esconde varias alegorías en relación a la época en que fue escrita, los albores de la Revolución Industrial.

Me pregunto si todos tenemos un algo del Dr. Frankenstein?
Intentamos modelar el contexto humano a nuestros deseos?
Imaginamos juntar distintas partes para conformar personas ideales?

En nuestro mundo proyectual, juntamos materiales y partes, muchos, miles e intentamos modelar un objeto, que parezca tal.
Peter Zumthor habla de la "Consonancia de los materiales" como una de las condiciones para generar una forma bella.

Creo firmemente que para que esos objetos cobren vida, deben imbuirse de nuestras propias partes y resonar en un diálogo de extrema intangibilidad.

Abrazo ensamblado
Gustavo Barbosa

ilustración: James Bullough ( Blog Uno de los Nuestros)



miércoles, 1 de febrero de 2017

pelusa


























Fue mi primer obra, un sótano en la avenida Carlos Pellegrini a 1 cuadra de la Muni por aquel entonces. Un aquel entonces bastante lejano a la fecha.
Un bar de billares con baños en pésimas condiciones siendo la encomienda renovarlos en tiempo record ya que los propietarios no querían cerrar ni media hora.
Acordamos un monto y la frase inaugural fue..."todo lo demás lo arreglan con Pelusa"

El susodicho Pelusa era un señor muy corpulento con un rostro de obvia ascendencia libanesa, que incluía cara de pocos amigos y que se ocupaba de la limpieza del lugar.
No parecía el referente ideal para encarar una novel obra, hasta que comenzó a hablar.
Pelusa, el señor Pelusa, tenía una voz casi femenina y unos modos muy acordes. Para mi sorpresa, Pelusa era un tipo encantador con una notable cultura general, que elegía un trabajo sin demasiada responsabilidad por sobre cualquier situación estresante.

No recuerdo demasiado los baños, pero sí recuerdo al amigo Pelusa al que no volví a ver después de ese breve encuentro.

La profesión de arquitecto y la profesión de docente abrevan de un mismo río, el contacto intenso con las personas, por lo menos esa es nuestra manera de entender ambas cosas.
Encuentro con clientes, encuentro con operarios, encuentro con estudiantes, encuentro con personas de carne y hueso, con anhelos, intereses, deseos, inquietudes y demás, para los que desplegamos proyectos que despliegan formas, texturas, olores y colores.
Para el otro, el que está ahí al lado.

Abrazo
Gustavo Barbosa

fotografía: Steven Jensen

Este grupo de artistas brega por un mundo más justo, salud por ellos

domingo, 22 de enero de 2017

la señorita D























La señora D (mantendremos un discreto anonimato) vivía sola en la calle Chenaut, en
una hermosa casa venida a bastante menos, conservando el paisaje intacto de los últimos 60 años ( incluida la tierra acumulada en los últimos 60 años). Entrar era una experiencia inquietante, por la sensación del tiempo detenido, por la oscuridad reinante y por la señorita D.
No tenía diente alguno, una edad indefinida y hablaba sin prisa y sin pausa. Con la extraña dicción que provocaba el aire fluyendo libremente por su desdentada boca.
Cuando digo que hablaba no llego a describir la realidad de la eclosión auditiva. Quizás por su recurrente soledad, la señorita D no producía pausa alguna en sus discursos por lo que era virtualmente imposible generar un diálogo mínimamente equilibrado. Era imposible interrumpirla.

En el zaguán colgaba una lámpara de 25 watts ( de las viejas incandescentes, claro), en la sala colgaba una gran araña de alabastro con otra lámpara de 25 que a duras penas lograba generar una tenue penumbra. La susodicha araña colgaba sobre una gran mesa de comedor con 10 sillas y un ornamentado camino que la cubría, todo sazonado con la tierra antes citada.

Un piano vertical indicaba una educación como Dios manda para una señorita correcta, pero permanecía en un obsecado silencio.

Concurríamos religiosamente una vez por mes, con mi amigo Milo, a pagar el alquiler de una casa donde teníamos nuestro estudio de arquitectura y de diseño, junto con mi novia de entonces, en un todavía original Palermo, sin Hollywood, ni Soho, ni nada.

Era indispensable concurrir de a dos para contrarrestar el monopolio oral de la señorita D, asumiendo el riesgo de no poder controlar nuestras ingobernables risas ante la situación, como cuando Milo se apoyó en demasía sobre el antiguo camino de la mesa y éste se desgarró sin piedad ante nuestro estupor en medio de nuestras ahogadas carcajadas y la impertérrita indiferencia de la señorita que discurría sus inconexas palabras.

Sabrán disculpar esta larga introducción a la que arribé pensando inmerso en mi constante admiración por los viejos objetos y por los viejos espacios.
En nuestras ciudades somos testigos con horror del desprecio que impera sobre nobles edificios que caen bajo la piqueta de la insensible moral inmobiliaria.
Lo que particularmente me enamora es la colisión que se produce entre lo viejo y lo nuevo, entre un viejo espacio y una iluminación que lo cobije, entre la materialidad sobreactuada de un viejo espacio y un mueble de sutil modernidad.

Entre. Tan sólo entre. 
Esa es una misión del proyecto, cohesionar el tiempo, desde los que nos preceden hasta los por venir, de mano en mano.

Abrazo
Gustavo Barbosa

ilustración: Akif Kaynar