martes, 15 de agosto de 2017

pon la música porque sino, morimos







































Suelo terminar las clases teóricas con música, con alguna pieza audiovisual que selle la cuestión en cuestión y guarde los jugos de tamaña cocción.

Haber provocado la humanidad del otro nos deja a todos en un estado de condicionada exaltación anímica y no encuentro por ende algo mejor que la música para transformar y sostener esa incipiente implosión intelectual.
Atravesar las propias barreras del aprehender, que nos implantamos con dedicado esmero, es una tarea harto difícil pero indispensable, sino, que aprenderíamos?

Los docentes estamos primeros en esa batalla...estrolate contra tus limitaciones amigo, y después empezamos de cero. Cada día un nuevo desafío y otro y otro, hasta el fin.

No hay que enseñar demasiado, eso viene a colación, lo importante es provocar, acompañar, encender, confrontar, contener y 27 acciones más que ahora no recuerdo porque estoy pensando en que video voy a proponer para la próxima clase.

Que misterioso encuentro se produce entre nosotros querido lector?
No me animo a catalogarlo, pero que los hay, lo hay, por lo tanto,
a subir la música...que sino, morimos todos!

Abrazo
Gustavo Barbosa

ilustración: Igor Shulman (gracias amigo Enkil!!!)

"echalé semilla a la maraca para que suene.."

viernes, 11 de agosto de 2017

en cuartos




Como en un infinito proceso proyectual, los momentos vivenciales se encadenan uno tras otro al paso del anterior y como la antesala del siguiente.
A veces el presente es tan fugaz que nos confunde y nos deja inmersos en pasados que pretenden instalarse en los futuros, o, al revés, de juguetón que es el factor cronológico.
Esta diatriba temporal puede mantenernos en estados de semi conciencia mientras tratamos de discernir la escena pertinente. Sostenemos esos estados, muchas veces sin sentido, hasta que un detonador desmorona la escena, como un fútil espejismo.
Es interesante ( diría imprescindible) observar (nos) en esos momentos ya que suelen ser definitorios y no es cuestión de estar en otro lado en ese preciso instante.

La caminata entonces adquiere ribetes unívocos. La vida suele ser generosa con los que intentan vivir con esmero.

Las imágenes del otro lado de las decisiones pueden ser algo confusas al principio, pero
para algo somos seres de proyecto, para reconstruir nos una y otra vez.

Abrazo en cuartos
Gustavo Barbosa

fotografía: Yan de Santos

martes, 1 de agosto de 2017

palabras







































Las palabras son las partículas de nuestros diálogos, de nuestra manera de comunicarnos con ese otro que está por fuera de nuestra epidermis.

Ahora bien, que decimos cuando decimos?

Si pudiéramos discernir capas en nuestros decires, seguramente podríamos descifrar muchas conversaciones simultáneas. Lo que enunciamos, lo que pensamos, lo que intuimos, lo que ocultamos, lo que no decimos.

De donde salen nuestras palabras?

De una construcción epistemológica quizás, de un rapto de emoción según otro quizás, de una necesidad, de una compulsión, de la correspondencia con un par?  Las palabras nos hacen visibles para el resto, nos dan entidad.

Decimos o escribimos, da igual, lo escrito parece entender mejor el sentido de la perdurabilidad, por aquello de que a las palabras (dichas) se las lleva el viento (donde estarán todas esas palabras arrastradas por la vehemente brisa?)

Muchas veces nuestra elocuencia se enuncia en nuestras acciones, como una especie de diálogo osmótico mediante otro repertorio de partículas.

En nuestro universo reemplazamos las palabras por las imágenes. Establecemos diálogos de sutil sonoridad.
Los límites de la comprensibilidad se vuelven así aún más intangibles, dejando lugar a la emoción como agente catalizador.
Las imágenes tienen la capacidad de sugerir y provocar, al otro y a nosotros, pero claro, eso ya es motivo de otras conversaciones posibles. Hasta entonces.

Abrazo
Gustavo Barbosa

fotografía: Sammy Sharon